Nace el Observatorio de Turismo Sostenible de Barranquilla y el Atlántico
En su primer boletín, construido con datos del DANE, la nueva iniciativa de la Escuela de Negocios revela que los paquetes turísticos propios concentran el 43,5 % de los ingresos de las agencias de viaje del país, la línea de negocio más rentable del sector.
Los paquetes turísticos propios —los que arman y venden las propias agencias, combinando productos y experiencias locales— concentraron el 43,5 % de los ingresos de las agencias de viaje del país durante el primer trimestre de 2026, la línea de negocio con mayor retorno comercial del sector. El dato hace parte del primer boletín del Observatorio de Turismo Sostenible de Barranquilla y el Atlántico (OTUBA), una iniciativa liderada por la Escuela de Negocios de la Universidad del Norte que arrancó este año con el respaldo de aliados como Cotelco Atlántico, ProColombia, la Cámara de Comercio de Barranquilla, ProBarranquilla, Anato y la Gobernación del Atlántico.
El boletín, construido a partir de la Encuesta Mensual de Agencias de Viaje (EMAV) del DANE, también hace énfasis en un supuesto extendido en el sector: aunque se asume que las agencias de viaje en línea —las OTA, (sigla en inglés de Online Travel Agencies) como Despegar o Booking— concentran la mayor parte de las ventas, más del 60 % de las operaciones en Colombia se sigue cerrando por el canal tradicional de atención directa, que incluso ganó un punto porcentual frente al canal digital en el trimestre. Para Camilo Mejía, docente del Departamento de Negocios Internacionales de la Escuela de Negocios y del Centro de Innovación y Desarrollo Sostenible del Gran Caribe (CIDSGC) de Uninorte, y quien lidera el observatorio, ese hallazgo tiene una lectura estratégica.
“Esta es una venta consultiva: la mayoría de las agencias de viajes venden sus productos a través de esa venta cara a cara. Y eso es muy importante, porque lo que plantea es que la estrategia tiene que ser híbrida: yo tengo que tener presencia digital, pero también debo tener una presencia fuerte en el tema presencial”, explica Mejía.
El observatorio nació para llenar un espacio que llevaba años vacío. Antes existían sistemas públicos de información turística que documentaban el contexto del sector, pero dependían de recursos oficiales que cambiaban con cada administración, hasta quedarse sin financiación. Cuando Mejía empezó a trabajar el tema de turismo con enfoque en sostenibilidad desde la Escuela de Negocios de Uninorte, vio ahí una oportunidad. El siguiente paso fue convencer a los actores de que la universidad podía coordinar el observatorio, “por la perdurabilidad que nosotros podemos garantizar, además de todo el ejercicio académico, el prestigio y la capacidad de poner en función del observatorio nuestras instalaciones y todas nuestras potencialidades en términos de expertos”, dice.
Así nació OTUBA, con el objetivo de cubrir la necesidad de datos sobre turismo en la región, pero sin quedarse solo en eso. “No queríamos quedarnos solamente en un sistema de información, sino que con esa data hacer algo más”, añade Mejía. La primera apuesta fue comunicar datos estratégicos y puntuales —como los de este primer boletín— para que las empresas del sector puedan tomar decisiones informadas, un ejercicio que ya generó una segunda iniciativa: la nueva Escuela de Sostenibilidad para Turismo, que arranca el próximo 21 de julio de la mano de la Cámara de Comercio de Barranquilla y la Red de Pacto Global Colombia, junto a la ya existente Escuela de Sostenibilidad para Pymes.
El negocio está en lo propio
Para Mejía, la razón por la que los paquetes propios rinden más es una apuesta que Barranquilla y el Atlántico ya probaron que funciona. El ejemplo que menciona es el crucero de lujo por el río Magdalena de AmaWaterways, una de las empresas aliadas del observatorio, dirigido a un turismo de alto valor que no busca ni la masividad ni la experiencia de una metrópoli, sino naturaleza, cultura y gastronomía local.
“Ahí nosotros tenemos un gran valor por todo lo que podemos ofrecer, desde el Carnaval de Barranquilla hasta los municipios aledaños, la experiencia del río Magdalena, las comunidades de la ribera, nuestros pueblos antiguos y elementos culturales cercanos como San Basilio de Palenque”, manifiesta.
Detrás de esa apuesta hay una lectura del tipo de visitante que Barranquilla quiere atraer: el llamado turismo bleisure —una combinación de business and leisure, negocio y ocio— que trae a la ciudad viajeros de trabajo a quienes se les ofrecen experiencias y productos para que extiendan su estadía. “La idea es que se queden más días para que los puedan visitar”, resume el docente.
Medir para no perder el patrimonio
El crecimiento del sector, insiste Mejía, no puede ir separado de la protección del patrimonio natural y cultural que lo sostiene. Eso implica, por ejemplo, calcular cuánta gente puede recibir un lugar sin deteriorarlo. “Hay que hacer un análisis correcto de la carga máxima que puede sostener un producto turístico —llámese el Eco Parque Ciénaga de Mallorquín— para no saturarlo, y para poder hacer las reposiciones ambientales y las limpiezas necesarias que permitan que sea sostenible en el tiempo. Lo mismo aplica a lo cultural, cómo usufructuar los elementos ancestrales y comunitarios manteniendo un control que permita que se regeneren”, explica.
Ese es también el requisito para uno de los objetivos de largo plazo del observatorio: entrar a INSTO, la Red Internacional de Observatorios de Turismo Sostenible de ONU Turismo, la agencia de turismo de las Naciones Unidas. Para lograrlo, Uninorte tendrá que empezar a medir indicadores exigentes —consumo de agua y energía, manejo de residuos sólidos, impacto en las aguas, además de temas sociales, de gobernanza y de gentrificación— que con el tiempo podrían derivar en certificaciones para el destino. De esa necesidad de formación surgió, justamente, la nueva Escuela de Sostenibilidad para Turismo.
El observatorio ya piensa en una plataforma pública con acceso directo a sus indicadores, disponible para cualquier persona interesada en el sector. Con datos, alianzas y una escuela de formación en marcha, la apuesta de OTUBA es que Barranquilla y el Atlántico dejen de exportar solamente su identidad —el carnaval, el río, el mar, el patrimonio— y empiecen a convertirla, con cifras que lo respalden, en un producto turístico rentable y sostenible.
Para conocer más sobre el OTUBA, escribir al Centro de Innovacion y Desarrollo Sostenible: cidsgcaribe@uninorte.edu.co, o cmejia@uninorte.edu.co.
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